miércoles, 4 de julio de 2012
El regalo
La mirada escapada
lunes, 18 de junio de 2012
El secreto del coleccionista
viernes, 30 de septiembre de 2011
Cuando vino la lluvia (Fragmento 5)
-Que te dije que no me hicieras sitio en tu cama porque nunca me iba a ir. Te advertí que luego iba a empezar a necesitarte como un pendejo sin orgullo ni vergüenza. Te predije que me iba a enamorar de vos y vos te creíste orgullosa de tu belleza, pero te escribí que mi amor es insoportable, que ya me ha pasado antes, que te ibas a cansar de mí, que por mí podía quedarme a tu lado literalmente, toda la vida y nada más me iba a empezar a importar. Te dije que soy persistente y que cuando se me mete una idea no me la puedo sacar hasta que me echan como a un perro y ando volteando entre las cervezas para olvidarme del último amor, de la dulce desdicha de las despedidas. Te lo advertí, te lo dije, te lo grité la última vez y ahora no me puedo librar de mi infeliz amor hacia vos. ¿Por qué me hacés tanto daño? ¿Acaso me odiás?-
jueves, 21 de julio de 2011
CUANDO VINO LA LLUVIA (Fragmento 4)
-¡¿Qué, no te crees que tengo miedo?!. Soy un absurdo despojo de miedos humanos e inhumanos que fragmentados han ido creciendo en mis tripas como protozoos que pueden reproducirse ellos mismos, duplicarse, enroscarse y hasta ventilarse sin ayuda de nadie. ¡¿Vos me creíste cuando te dije que me juré no tener miedo a los cinco años?! Pues te cuento que fue una estúpida mentira que me engañó primero a mí misma y luego a la misma que soy. ¡Mierda! Absolutamente mierda; tiemblo de pánico cuando camino sola en la noche, y me da pavor dejar la puerta del closet semi abierta, y amarte me pone el estómago como si me hubiera comido un pescado podrido. Soy un despojo de vacilación que grita en la boca del estómago y una maraña de hebras enredadas que se me acumularon en la cabeza, mis manos permanecen frías casi todo el día, y me tiembla la voz cuando pienso que voy a quedar ciega. Pero lo más terrible, el miedo más despreciable es este que se me abalanza cuando me pedís más, cuando sin pedirme yo quiero darte más, y mis pensamientos te dan más, y mis caricias salen directo del corazón o de la capa profunda de mi cerebro, y llega a su punto culminante cuando como un relámpago te imagino en mi cama por todas las noches venideras. Allí, en ese súbito relampagueo de la fantasía me encuentro. Encuentro un deseo y un miedo nefasto, porque el deseo y el miedo vienen juntos como una pareja infernal que mortifica. Avanza entonces la incomodidad en los pies, los protozoos del estómago se retuercen hasta colapsar en una orgía gástrica, mis ojos no quieren ver, y yo quiero irme, irme y nunca volver, pero ni siquiera soy valiente para levantarme. Lo que hace la capa superficial de mi cerebro es aconsejarme mal, me muestra las pequeñeces que te harían una mala pareja para el resto de mis días, y me las muestra ampliadas con un zoom que me centellea en la pupila y me hace decirte que quiero dejar de amarte, como si esa fuera mi salvación…-
- ¡A lo mejor debas irte a ver qué te gritan tus tripas!- le gritó Octavio desesperado. –A lo mejor no me amás, y simplemente tus protozoos son tu mejor señal evolutiva para rechazar lo que te hace daño digerir. ¡¿Por qué no te largás?!, o te vas a volver a perder y te las vas a picar de fuerte y vas a conseguir un idiota que te guíe y no te de miedo y tu vida va a ser como una leche deslactosada y un postre sin azúcar. ¡Largate!.-
