Cuando se escapó, la mirada se fue calle abajo,
volvió a la tienda de frutas en donde le gustaba contemplar los duraznos, y más
tarde pasó por el parque para buscar la mariposa que se quedó revoloteando el
otro día. Cuando anocheció se hizo un lugar en un farol y observó las telarañas
del semáforo. A la madrugada se arrimó a tu ventana, la luz encendida le
explicó que estabas despierto, así que escaló el muro y llegó al vidrio. Cuando
te vio adentro leyendo un libro y tomándote un vino, la mirada lloró porque no
podías sentir su presencia. De pronto, como quien es sorprendido en silencio,
tus ojos se salieron del libro y miraron hacia la ventana buscándola; pero ella
ya había vuelto a mis ojos cansados.
Emma Sánchez
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