-¿Vos te has puesto a pensar que los días de sol son un fastidio? Especialmente cuando uno ya se acostumbró a esta lluvia y esta humedad. Uno los detesta con su falsa ilusión de cambio, con sus quemonazos en la ropa, con el ardor en la piel, con los ojos que no pueden ver nada y deben volver a las gafas oscuras. Uno se siente como a quien solo le están dando un contento insensato y efímero para luego volver al frio en los huesos y el agua en los zapatos. Son detestables los días de sol en esta ciudad. Además toca observar a esos idiotas en la calle con sonrisa anonadada porque pudieron vestirse de colores y telitas ligeras, sintiéndose ahora sí humanos y hasta con ganas de ser cálidos, escuchar, sonreír y saludar a los demás.-
- - Simplemente te acostumbraste mucho al gris- dijo ella mientras se maquillaba las cejas para quedar tan pintada como marilyn.
- - Deberías de prestarme más atención. Que te digo que el sol es un fastidio con su asociación de alegría y compañerismo cívico empalagoso. ¿Por qué no te quedás hoy conmigo?-
- - Porque Marcos me invitó a tomar el sol- dijo ella rencorosamente con una sonrisa sarcástica, ¿cómo se manifiesta mejor el rencor?, y con una mirada de sinceridad absoluta que le atravesó el corazón, mientras se ponía los tacones y se despedía con un beso ágil e infiel.