martes, 5 de abril de 2011

Cuando vino la lluvia (Fragmento 3)

-¿Vos te has puesto a pensar que los días de sol son un fastidio? Especialmente cuando uno ya se acostumbró a esta lluvia y esta humedad. Uno los detesta con su falsa ilusión de cambio, con sus quemonazos en la ropa, con el ardor en la piel, con los ojos que no pueden ver nada y deben volver a las gafas oscuras. Uno se siente como a quien solo le están dando un contento insensato y efímero para luego volver al frio en los huesos y el agua en los zapatos. Son detestables los días de sol en esta ciudad. Además toca observar a esos idiotas en la calle con sonrisa anonadada porque pudieron vestirse de colores y telitas ligeras, sintiéndose ahora sí humanos y hasta con ganas de ser cálidos, escuchar, sonreír y saludar a los demás.-

- - Simplemente te acostumbraste mucho al gris- dijo ella mientras se maquillaba las cejas para quedar tan pintada como marilyn.

- - Deberías de prestarme más atención. Que te digo que el sol es un fastidio con su asociación de alegría y compañerismo cívico empalagoso. ¿Por qué no te quedás hoy conmigo?-

- - Porque Marcos me invitó a tomar el sol- dijo ella rencorosamente con una sonrisa sarcástica, ¿cómo se manifiesta mejor el rencor?, y con una mirada de sinceridad absoluta que le atravesó el corazón, mientras se ponía los tacones y se despedía con un beso ágil e infiel.

sábado, 2 de abril de 2011

Pídelo

Si me quieres a tu lado, dímelo.

Si quieres que mis manos te acompañen

mientras tu mente crea los últimos trampolines

que requiere tu espectáculo.

Si quieres que mis ojos te alumbren el sueño

que de chico nunca te dejó dormir.

Si requieres mi cuerpo para entregar en una carcajada

tu alegría.

Si necesitas mis labios para que te digan las verdades

que tus secretos guardan como testamentos.

Si necesitas mis brazos para sostenerte,

Y mis manos para escribirte.

Si te sirve mi pensamiento para calmar el tuyo

y mis preguntas para crear las dudas.

Si deseas mi vida, mi tiempo, mi presencia,

mi calma y mi enojo, mi impaciencia y mi amor;

sólo pídemelo con gritos y palabras,

con música e ingenio,

que yo estoy imposibilitada para negarme.

Me tienes en tus manos... (Jaime Sabines)


Me tienes en tus manos
y me lees lo mismo que un libro.
Sabes lo que yo ignoro
y me dices las cosas que no me digo.

Me aprendo en ti más que en mi mismo.
Eres como un milagro de todas horas,
como un dolor sin sitio.
Si no fueras mujer fueras mi amigo.
A veces quiero hablarte de mujeres
que a un lado tuyo persigo.
Eres como el perdón
y yo soy como tu hijo.
¿Qué buenos ojos tienes cuando estás conmigo?
¡Qué distante te haces y qué ausente
cuando a la soledad te sacrifico!
Dulce como tu nombre, como un higo,
me esperas en tu amor hasta que arribo.
Tú eres como mi casa,
eres como mi muerte, amor mío.