-Que te dije que no me hicieras sitio en tu cama porque nunca me iba a ir. Te advertí que luego iba a empezar a necesitarte como un pendejo sin orgullo ni vergüenza. Te predije que me iba a enamorar de vos y vos te creíste orgullosa de tu belleza, pero te escribí que mi amor es insoportable, que ya me ha pasado antes, que te ibas a cansar de mí, que por mí podía quedarme a tu lado literalmente, toda la vida y nada más me iba a empezar a importar. Te dije que soy persistente y que cuando se me mete una idea no me la puedo sacar hasta que me echan como a un perro y ando volteando entre las cervezas para olvidarme del último amor, de la dulce desdicha de las despedidas. Te lo advertí, te lo dije, te lo grité la última vez y ahora no me puedo librar de mi infeliz amor hacia vos. ¿Por qué me hacés tanto daño? ¿Acaso me odiás?-
viernes, 30 de septiembre de 2011
Cuando vino la lluvia (Fragmento 5)
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