Cuando el
tiempo abrió sus alas como
un ave
entornándose sobre las montañas,
y el
silencio de tus palabras retumbó
con ecos
lejanos e incomprensibles.
Cuando una
luz abovedada se posó
sobre tu
rostro y el mío
en una
letanía de estrellas y recuerdos
como
ráfagas,
yo
solamente pude pensar en ti.
En tu brazo
lleno de colores,
el dedo
pequeño de tu mano izquierda,
la barba
incipiente de tu cara,
el gesto
sonriente de tu nariz,
la seriedad
de tu cicatriz,
tu
sonriente entrecejo fruncido,
la piel
suave de tu cuello, y
tu sonrisa
casi estúpida al amanecer.
Cuando el
tiempo nos dejó abandonados
en la
orilla del final,
y el ruido
ensordecedor del mundo
se abrió
paso entre coloridos pasadizos,
yo solamente
pude pensar en mí.
En mi
lengua llena de sonrisas,
en mi mano
derecha taciturna,
en mi
rodilla irregular,
la burlona
cicatriz de mi ceja derecha,
y mi
seriedad casi espléndida al atardecer.
Cuando el
ave surcó el mar, y tú y yo estuvimos
en diferente
orilla,
yo solamente
pude pensarnos.
Cuando ya
no volvimos a estar juntos,
yo solamente
pude recordarnos.
En la
carcajada del juego de palabras,
en el azul
de tus pinturas,
en la
alegría de mis letras,
en la
infinita idiotez de la pereza.
1 comentario:
precioso
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