martes, 9 de abril de 2013

SOLAMENTE




Cuando el tiempo abrió sus alas como
un ave entornándose sobre las montañas,
y el silencio de tus palabras retumbó
con ecos lejanos e incomprensibles.

Cuando una luz abovedada se posó
sobre tu rostro y el mío
en una letanía de estrellas y recuerdos
como ráfagas,
yo solamente pude pensar en ti.

En tu brazo lleno de colores,
el dedo pequeño de tu mano izquierda,
la barba incipiente de tu cara,
el gesto sonriente de tu nariz,
la seriedad de tu cicatriz,
tu sonriente entrecejo fruncido,
la piel suave de tu cuello, y
tu sonrisa casi estúpida al amanecer.

Cuando el tiempo nos dejó abandonados
en la orilla del final,
y el ruido ensordecedor del mundo
se abrió paso entre coloridos pasadizos,
yo solamente pude pensar en mí.

En mi lengua llena de sonrisas,
en mi mano derecha taciturna,
en mi rodilla irregular,
la burlona cicatriz de mi ceja derecha,
y mi seriedad casi espléndida al atardecer.

Cuando el ave surcó el mar, y tú y yo estuvimos
en diferente orilla,
yo solamente pude pensarnos.
Cuando ya no volvimos a estar juntos,
yo solamente pude recordarnos.

En la carcajada del juego de palabras,
en el azul de tus pinturas,
en la alegría de mis letras,
en la infinita idiotez de la pereza.