Cuando
llegas a mi vida, tristeza,
se me
escurren las distancias,
se me
aparece la nostalgia
del tiempo
porvenir, del sueño
infortunado.
Si me
dejas, en la oscuridad
de mi
cuarto, en la matutina
modorra del
desempleado,
no me pidas
que te traiga de nuevo
al corazón estrellado,
al lodazal
de mi vida, tristeza
Márchate
rauda, maligna, poética.
Sal por la
puerta y déjala sonando,
o tírate
por el balcón y haz un escándalo.
No me
interesa ya retenerte a mi lado,
que se me
fue la vida entre tu vereda
y el mar al
otro lado,
y ya no
logro volver al centro de mi pasado.
Ese árbol
ya no está conmigo,
esta carta
se lanzó al lago de mi vida,
mis
palabras ya resonaron en tus lágrimas
y tus
dolores ya hicieron nido en mi mirada.
Déjame
amarte en la distancia,
para cubrirme
en la noche con la lluvia
de la risa,
que no
quiero más esta asfixia
que me ha
dejado sin olfato.

No hay comentarios:
Publicar un comentario